
Me refiero, claro, a los filtros con el maravilloso detector molecular GT200. Véa usted qué cosa:
¿Es mi imaginación el policía detrás del calificadísimo operario del GT200 estaba sonriendo? No es que le faltaran motivos, claro. Ver a un militar buscando armas y explosivos con una de tantas varitas de zahorí disfrazada de aparato de alta tecnología, que no tiene en realidad ninguna capacidad de detección, no es para menos.
Menoos mal que también había arcos detectores de metales, porque si no, los poros de ese filtro iban a estar my grandes...
A.T.
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