Hace un año, por iniciativa del blog
Proyecto Sandía se celebró en la blogosfera el
primer Día mundial del escepticismo y contra el avance de las pseudociencias. Se eligió esta fecha para recordar la muerte de
Carl Sagan, uno de los principales promotores del pensamiento crítico.
Este año, aunque no vi una convocatoria formal para darle continuidad, me voy a permitir, a pesar de que, como ya lo dije antes, no soy un "escéptico" en sentido estricto —si tal cosa existe— sino apenas un bloguero que ha dedicado algunas entradas a estos temas, dedicar la presente para recordarlo pues creo que es importante levantar la voz en contra de estas prácticas que son, al menos desde mi punto de vista, un asunto más serio de lo que parece.
Sí, mucha gente piensa que todo esto no son sino francas tonterías —y lo son, sin duda— de las que no vale la pena hablar, e incluso hay quienes sostienen que las víctimas de los charlatanes se tienen, por crédulos, bien merecido ser estafados. Ésta es un opinión que no comparto pues en muchos casos, si no es que en todos, esta ignorancia se debe por un lado a la falta de información crítica sobre las pseudociencias, y por el otro a la abundante desinformación y publicidad en sentido contrario: nada más prenda su televisión y póngase a ver la barra matinal para que se de una idea de cómo están las cosas. Así, no es de extrañar que mucha gente, después del bombardeo que recibe a través de los medios de comunicación acabe por convencerse o por lo menos, pensar que algo puede haber de cierto en... bueno, en lo que usted quiera y mande.
Quizá nos cause gracia ver a un persona luciendo orgullosa su pulsera
Power Balance o leer en un periódico supuestamente de izquierda los dislates de una
astróloga-
tarotista-
angelera, por mencionar sólo un par de las tonterías aparentemente más inofensivas.
Pero cuando vemos cómo se cuela en la
Universidad Nacional Autónoma de México una conferencia de astrología, o en la
Universidad de Colima otra sobre exopolítica, las cosas empiezan a dejar de ser chistosas y comienzan a ser preocupantes (del
Instituto Politécnico Nacional y su escuela de brujería ni hablo, que es un caso perdido).
Cuando el
Gobierno del Distrito Federal presume la próxima inauguración de una Clínica de medicina integrativa en donde se brindará atención con terapias que no han demostrado ser mejores que el efecto placebo, ya es alarmante. Y lo es más
ver a la Directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM señalando que se debe respetar la acupuntura por ser milenaria, o al Secretario de Salud del mismo gobierno sostieniendo que no se trata de charlatanerías sino... terapias reconocidas por el IPN.
Cuando vemos
una y otra vez a los militares y policías buscando explosivos con sus pseudo detectores moleculares; los
allanamientos y
revisiones —
incluso vaginales— que se llevan a cabo porque el giro de una antena en un pivote señaló que
ahí hay algo, y nos enteramos que ya se están empezando a
buscar a personas enterradas con este mismo artefacto inútil, la cosa pierde toda su gracia.
Estoy convencido que la gente cree en estas cosas no porque sea estúpida —bueno, hay excepciones— sino, insisto, por la falta de acceso a la información que desmienta los dichos de los charlatanes. Ante el incesante bombardeo de noticias, programas, libros, revistas y reportajes acríticos, cuando no totalmente promocionales, sobre cuestiones pseudoceintíficas, no es de extrañar que una persona cualquiera decida comprarse una Power Balance... o que un gobierno cualquiera compre un GT200.
Por eso es que vale la pena hablar de estas cosas, aunque sea como en mi caso, de manera más o menos esporádica. Es seguro que un blog perdido en el ciberespacio como éste no tendrá mayor repercusión, pero es un principio. Si una persona de cada cien que lea algo de lo aquí escrito —y sobre todo, lo enlazado— se pregunta ¿será cierto? y decide buscar más información por su cuenta, habrá valido la pena el tiempo invertido.
A.T.
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P.D. Bobo de mí, puse Día mundial contra el escepticismo y el avance de las pseudociencias... Gracias a Juan Carlos Bujanda por darse cuenta. Queda corregido aquí y en la otra entrada, que estuvo con ese título todo un año.