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Leyendo a Julio Hernández en La Jornada me entero que también por estos lados le hacemos a la censura —como si fuera una novedad— y tal como hicieran recientemente en España con El Jueves, acá también se nos da secuestrar revistas incómodas.
Ésta es la nota de Hernández (Astillas):
"La aparición de una cucaracha-calderón en las librerías del Fondo de Cultura Económica (FCE) provocó sobresaltos directivos que fueron combatidos mediante cuidadas dosis de tardío ocultamiento. Resulta que en el número 439 de La Gaceta, con el título en portada de Cuentos para pasar la vida, se incluyó Acido bórico, un texto del zacatecano Tryno Maldonado (nacido en 1977), en el que el personaje central de la ficción narra su estancia, en días de represión federal en esa entidad, en un departamento de Oaxaca en el que había cucarachas. ''La primera cucaracha que vi fue una del tipo que días más tarde catalogué en mi libreta como obispo, por la forma recta y recortada como una capa que adquirían sus alas en la parte inferior, además de lo prieto de su pigmento. Prieto como la mierda. O como los obispos, más exactamente''. Luego encontró la variedad que clasificaría como cucaracha-diazordaz, ''por las asombrosas similitudes que encontraba con el rostro de aquel ex presidente, no sólo en facciones, sino en las maneras de desplazarse y, en general, en su forma expansiva y campechana de ocupar el mundo''. Pero, ''sobre todo, lo que me decidió a recurrir al ácido bórico fue la aparición de una tercera clase de cucaracha, la más asquerosa, evolucionada y temible de todas. La cucaracha-calderón''. Y es que ''la cucaracha-calderón era la peor de todas las que logré clasificar en ese periodo. Era la más golosa, sucia, torpe y lenta de todas. Nada que ver con la bravura y el arrojo de la obispo, ni mucho menos con la astucia y la rapidez de la diazordaz. La cucaracha-calderón era pertinaz, imbécil, pero pertinaz y, sólo ahora lo creo, inmortal''. La Gaceta, con el texto de Maldonado, estuvo disponible en las librerías del Fondo de Cultura Económica durante las primeras semanas de julio y, de pronto, llegó la orden de recoger los ejemplares, ''por instrucciones superiores''. En dos de esos establecimientos los encargados comentaron a esta columna que las revistas habían sido recogidas. Otro dijo haber sido informado de que serían ''redistribuidas'' de otra manera. En otros sitios simplemente mencionaron que La Gaceta de julio no estaba disponible. Pero por fortuna en la página
www.fondodeculturaeconomica.com en La Gaceta, se puede entrar a la edición de julio, con todos los cuentos de la edición, inclusive Acido bórico. ¡Santos pudores cucarachos, Batman!..."
El propio Tryno Maldonado, autor del cuento incómodo,
"Queridos amigos y amigas,
Este día me he topado con la desagradable sorpresa de que mi obra ha sido censurada y sacada de circulación por "órdenes superiores" del gobierno federal en turno, algo que ni por asomo creí que pudiera volver a suceder en este país, como en épocas pasadas. Con ingenuidad creí que esos días y esas prácticas habían quedado atrás, pero veo que no. En México aún hay censura, una velada, sutil y afinada en cuanto a sus métodos, pero censura con todas sus letras. A tal grado que el tiraje completo del número de la Gaceta del Fondo de Cultura Económica del mes de julio, fue recogido de los puntos de venta por el contenido de un texto mío. El hecho en sí resultaría irrisorio de no ser por el flagrante acto de censura y de ataque a la libertad de expresión y de creación que esto implica. Esta vez me tocó a mí por mis ideas y por mi derecho a expresarlas, mañana quién sabe..."
Todavía se puede bajar el número 439 de La Gaceta del Fondo de Cultura Económica aquí. También lo pueden leer en línea en El Sendero del Peje y por si acaso, les dejo las capturas del mismo.
A.T.
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P.D. 3 de agosto de 2007:
De acuerdo al propio Tryno, no hubo tal censura, sino que todo se debió a un malentendido, como lo aclara en su blog:
"Jamás hubo censura hacia mi obra por parte de los editores, directores o autoridades del Fondo de Cultura Económica ni de la Gaceta que ellos editan. Todo se trató de un lamentable malentendido que apresuradamente tomé por verídico. Acepto mi error y responsabilidad en todo esto.
Por lo tanto considero pertinente hacer pública una disculpa hacia el Fondo de Cultura Económica, la Gaceta del FCE, directores y editores, en especial a Luis Alberto Ayala Blanco, todos y cada uno en quienes desde el principio mi obra ha hallado total respaldo."
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