Hace uno días hablaron por teléfono a mi antiguo domicilio y los nuevos inquilinos tuvieron la amabilidad de comunicarse conmigo para decirme que me habían hablado de la Cruz Roja para invitarme a un curso o algo así, y me pasaron el número telefónico para pedir informes sobre el mismo.
Es fecha que no he hablado para ver de qué se trata.
Para ser sincero, he perdido por completo el interés que tenía en el tema de la atención prehospitalaria, como que ya no me importa estar al día en detalles técnicos ni nada parecido.
Antes me suscribía a cuanto foro especializado podía, buscaba información reciente en la red, compraba algunos libros y gastaba tiempo y dinero en cursos de actualización aquí y allá. Pero ahora, desde hace mucho tiempo que no asisto a un solo curso de actualización ni nada que se le parezca. Lo último que intenté fue cursar el BTLS y la verdad, no me fue nada bien.
Pero la capacitación prehospitalaria merece una entrada aparte. Ya lo creo que sí.
Le platicaba hace poco con a una amiga que ya tiene varios años —y kilos— que no me subo a una ambulancia y que si bien no he abandonado formalmente a la CRM, sí lo he hecho de manera informal, por ejemplo, al no estar al día en papelería. Para que se den una idea, mi última credencial ¡es de 1999!
Desde hace mucho mi participación en la institución se limitó al área de capacitación, primero en la escuela de rescate urbano y después en la de paracaidismo. Ambas experiencias sumamente agradables y de las que conservo recuerdos entrañables.
Pero en el área de ambulancias, es decir, la atención prehospitalaria que es por lo que entré a la CRM, las cosas fueron de mal en peor desde el principio: Equipos inadecuados, falta de materiales, ausencia de profesionalismo, etc.
Y no sólo por parte de la CRM, sino, desgraciadamente, por el “sistema” de urgencias en general. Pero de eso ya he hablado un poco aquí.
Empecé a faltar a mis guardias, inicialmente de manera esporádica, pero debido a la decepción tan grande que tuve, poco a poco dejé de prestar servicio en el área de ambulancias. Recuerdo perfectamente que en mi última guardia el pensamiento recurrente en mi cabeza era “¿qué carajos estoy haciendo aquí?”.
Si no me salí de la roja entonces se debió, como dije arriba, a los compromisos que tuve primero con Jorge Aco, con quien colaboré un tiempo como instructor de rescate urbano hasta que dejó de ser el director de la escuela —pero eso es otra historia— y después con Enrique Romero en paracaidismo.
Pero ahora, con paracaidismo desaparecido del mapa en la CRM y sin ánimos ni aptitudes para volverme a subir a una ambulancia —vamos, que estoy muy oxidado y gordo para ello—, y mucho menos participar en otras áreas de la CRM como la de desastres por ejemplo —eso se lo dejo a los “cruzrojistas de corazón”—, supongo que se acerca la hora de abandonar por completo este asunto.
Cosa de decidirse a dar ese paso. O mejor dicho, a terminar de darlo.
Por cierto que no sería la primera vez que dejo la CRM. Hace ya muchos años me dieron de baja en la delegación de Tehuacán, por grillo, pero de eso hablaré en otra ocasión.
A.T.
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