jueves, 6 de julio de 2006

Remake

Como están de moda los remakes, o refritos, les voy a contar la historia de uno más. Olvídense de La Aventura del Poseidón y su refrito, Psicosis y su refrito; King Kong y su primero y segundo refritos, Godzilla y su copia gringa, etc.

Para remakes, éste:

La idea del productores de esta película era hacer la nueva versión de una que se filmó hace casi 20 años, una que contó con una gran campaña publicitaria y buenos actores pero con un pésimo director. A la hora de su estreno, sólo provocó rechiflas y dejó a todos los que partciparon de una u otra manera, insatisfechos.

Salvo los estudios, que ganaron mucho dinero con su churro.

Para esta ocasión se contrató a un nuevo director, muy bueno, decían, que podría manejar sin problemas a sus camarógrafos, sonidistas, editores y demás para entregar, al fin, por primera vez, una obra maestra. Una joya cinematográfica, pues. Al menos, eso fue lo que los estudios le repitieron hasta la náusea a los productores. Se les dijo que este director tendría carta blanca y que ellos no se inmiscuirían, que ahora sí, querían una obra de arte, no sólo algo meramente comercial.

Que querían ir a Cannes, para acabar pronto.

El director le aseguró a sus productores que se esforzaría en su trabajo, que más que un remake, sería una versión "re-imaginada" (a la Galáctica, como quien dice). Muchos le creyeron, se entusiasmaron y decidieron confiar y entrarle a la producción, aunque no todos, pues algunos, decepcionados por las experiencias anteriores ya habían abandonado los estudios e intentaban por su cuenta hacer películas independientes, mientras que otros, de plano habían renegado del cine y se dedicaba a otra cosa.

El guión que se les presentó a los productores era interesante, para esta cinta se tendrían a los mismos personajes principales, con algunas variantes como corresponde a un buen refrito, y claro, con un elenco totalmente nuevo. Se hicieron las audiciones y se contrataron los actores necesarios. Algunos eran carismáticos y otros no tanto, algunos más eran verdaderamente abominables y para colmo, no faltaban los aficionados que pretendían ser profesionales y que continuamente se equivocaban en sus líneas y se olvidaban de sus marcas.

Pero la producción continuó, a pesar de los actores que no terminaban de convencer a muchos de los productores. "Ni hablar, si esto es lo mejor qué hay ni modos", se decían .

La filmación inició. Algunos productores empezaron a sospechar que las cosa estaba rara, sobre todos cuando se dieron cuenta de que los estudios enfocaban la publicidad previa al estreno en uno de los actores principales, uno chaparrito, pelón y de lentes que había llegado como remplazo de último minuto cuando a la diva que que iba a interpretar su papel, el síndicato de actores le reclamó no estar afiliada, y cuando al otro actor, el primer remplazo, simplemente no acudió ni a las audiciones.

También era raro que cada vez que el otro actor principal tenía una escena importante, los camarógrafos y demás técnicos, olvidándose de las instrucciones previas, no hacían lo que se les pedía. Los camarógrafos, por ejemplo, en lugar de un acercamiento o close-up, hacían una toma general, o peor, un paneo; a veces, hasta olvidaban ponerle rollo a la cámara y la escena completa se perdía; los sonidistas dejaban el boom demasiado alto y no se escuchaban sus líneas o lo ponían demasiado bajo de modo que se distorsionaba su voz y de plano se escuchaba otra cosa.

Y el director no decía nada. Algunos productores le reclamaban, al igual que los maquillistas del actor afectado. Aquel, a lo más, murmuraba alguna reprimenda a sus técnicos o decía que quería promover la creatividad de sus asistentes y dejaba correr el rollo.

A pesar de lo que se veía, se decidió continuar con la producción. Ya se había invertido mucho dinero; además, los estudios insistían en que el director era un genio, que lo dejaran trabajar y que al final todos estarían contentos.

Pasó el tiempo y ya para terminar, los productores, imitando a Hitchcock actuaron de extras. En algunos casos lo hicieron con entusiasimo, "el estudio dice que el director es un genio y que va a ser una obra maestra", se decían. Otros actuaron con desgano pues no les había convencido la producción pero daban el beneficio de la duda, "a lo mejor sí sabe lo que hace y además, con la edición se hacen milagros". Y claro, no faltaron los que lo hicieron nomás porque se querían sentir actores... sobre todo entre los que apenas se estrenaban como productores y aunque de cine no sabían nada, querían ver su nombre en el reparto.

Finalmente llegó el día del estreno. Los productores se acomodaron en la sala con sus palomitas y su refresco a un lado, dispuestos a disfrutar el resultado final. La expectativa era grande ¿habría llegado la nueva época del cine de oro? ¿los nominarían al Oscar? ¿irían a Cannes?


Yo soy uno de los productores y como millones más, hice mi pequeño papel como extra y ahora que casi termina la película, cuando vamos por el último rollo, me parece que lo que estoy viendo en la pantalla no se diferencia gran cosa de la cinta original. Tiene mejores efectos especiales y mejor música, pero hasta ahí. Todo apunta a que los estudios, los que verdaderamente deciden en qué va a terminar la película, presionaron al director para usar el viejo guión.

Todavía falta el final, pero creo que esta película ya la vi.

En 1988.

A.T.

____________

Colofón:


MENTIRAS DEL IFE Y EL PAN

Miguel Ángel Granados Chapa

El Instituto Federal Electoral nos engañó. Y con ello dio pie al triunfalismo panista y a la denostación de la principal corriente opositora. Carente de eficacia jurídica, la manipulación del Programa de Resultados Electorales Preliminares surtió rotundos efectos políticos, que son la prolongación del antiguo, sostenido y peligroso esfuerzo por sustituir a los ciudadanos en la decisión de quien debe gobernarlos.

Dijo el IFE al cerrar el PREP, el lunes a las veinte horas, que al programa se habían incorporado el 98.45 por ciento de las actas. Mintió. Eran, cuando más, el 90 por ciento. Sólo veinticuatro horas después rectificó parcialmente su omisión y dio cuenta de la existencia de 11,184 actas, referidas a 2.5 millones de votos, que estaban excluidas de aquel programa. Justificó el ocultamiento de esa información (el hecho mismo de que hubiera actas “en reserva” y el monto y sentido de los votos expresados en las actas) atribuyéndolo a un acuerdo de los partidos para dejar de lado en el PREP actas que mostran “inconsistencias”. Y alegó que los partidos no sólo conocían el archivo en que fueron confinadas esas actas sino hasta lo consultaron. La explicación incluyó una nueva mentira, pues en febrero los partidos acordaron los criterios de inconsistencia, pero no intervinieron en la calificación en cada caso, ni pactaron que se guardara silencio sobre las actas respectivas.

Por lo demás, los ciudadanos, la sociedad ignorábamos lo que el IFE y los partidos conocían. Ignorábamos que la verdad no era que Felipe Calderón tuviera cuatrocientos mil votos de ventaja sobre Andrés Manuel López Obrador. El candidato panista, a sabiendas, citó al PREP en su declaración nocturna del domingo para fundar su proclamación de triunfo. Y su partido, en la noche siguiente, pretendió que esos resultados preliminares fueran suficientes para declarar triunfador a su candidato. Con ello se montó una doble trampa: dar por hecha e irreversible la victoria de Calderón y denunciar como tramposo al que denunciara la trampa. Se descalifica una vez más a López Obrador como infractor de la ley cuando en cambio pugna por su cumplimiento.

El montaje informático ha sido en extremo útil para quienes lo realizaron, como plataforma para generar efectos propagandísticos, mediáticos, políticos, si bien carece de consecuencias materiales, jurídica. Éstas apenas derivarán de la suma de los votos que se realiza desde ayer en los consejos distritales, y ese resultado será el que tenga en cuenta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para hacer el cómputo de la elección presidencial. Allí el IFE ha permitido otro momento de manipulación informativa. Ese instituto no computa la elección presidencial. Hoy mismo, o mañana o el sábado, lo más que hará su secretario ejecutivo es informar al consejo general que han concluido las sesiones de cómputo en los distritos y comunicará la suma de los resultados distritales. Al Tribunal corresponde realizar el cómputo de la elección presidencial, declarar la validez de la elección y proclamar al Presidente electo. Para ello, los consejos distritales remitirán al TRIFE los expedientes de su respectiva elección. No los envían al IFE, de suerte que de allí surgirán, hoy o mañana, o el sábado, sólo cifras totales, no una declaración jurídica.

Al cerrar por segunda vez el PREP, el martes a las ocho de la noche, quedaron incorporados los datos de las actas declaradas originalmente inconsistentes. La diferencia de votos entre Calderón y López Obrador disminuyó entonces de 400 mil del primer cierre a 257 mil. Y es que en esas actas, cuya información fue escamoteada a la sociedad hasta el cuatro de julio por la noche, había más votos a favor del candidato de la coalición Por el bien de Todos que en favor del candidato panista. Con cinismo, René Miranda, coordinador del PREP, coincidió con Manuel Espino y Andrés Sojo, propagandistas de Calderón,: aun con la corrección el panista sigue arriba, en expresión que sugiere que lo dicho en el PREP, como han querido el PAN y su candidato, asigna victoria y derrotas.

La corrección perpetrada por el IFE fue incorrecta. Las inconsistencias que obligaron a dar trato diverso a esas once mil y pico de actas desaparecieron como por encanto. Lo inconsistente se trocó en consistente. Lo ilegible en legible, lo confuso en claro. Y todo eso ocurrió en una operación asombrosa: el criterio informático para declarar inconsistente una acta operó para cada caso, en más de once mil ocasiones. Pero para la conversión de que hablamos, que permitió saber qué destino tuvieron dos millones y medio de votos se tomó de una vez, en una sola operación, curando de sus defectos a las once mil actas, sin tener en cuenta la peculiaridad de cada una. Seguramente que, como todas, las actas de esas casillas fueron ayer, y lo serán hoy y mañana, o el sábado, examinadas escrupulosamente por los consejeros electorales y por los representantes de la coalición que apoya a López Obrador, no sea que la corrección de lo incorrecto genere nuevas incorrecciones.

Los partidos y los candidatos acordaron, y aunque no lo hubieran hecho tienen obligación exigible de hacerlo, respetar los resultados formales. No los alcanza el compromiso, que mucho menos vincula a los ciudadanos, de solapar la ilegalidad, de admitir mansamente las trampas. Es preciso reconocer los resultados legalmente establecidos, no la apariencia tenida por cierta y profusamente divulgada.