El ¡Nahual! y su hijo
Actualizado el 18 de junio
Seamos sinceros, tratar de poner de un tirón la historia del ¡Nahual! (sí, así con signos de admiración) y de El oscuro retorno del hijo del ¡Nahual! es, para su servidor, una tarea imposible.
Y no es que se trate de una historia épica salpicada de actos heroicos, drama y batallas. No, simplemente es que está más allá de la capacidad de memoria de mis tres neuronas recordar ya no digamos todo, sino al menos parte de los hechos. Y ya mejor ni hablamos de recordarlo de manera cronológica...
Parafraseando a Manolito, "¡No soy una IBM!".
Afortunadamenta para mí y para el ocioso que pueda estar interesado en esto, existen los blogs y en ellos se pueden modificar las entradas, permitiendo añadir, corregir y suprimir la información al gusto de quien lo escribe. Y eso es justamente lo que haré con ésta. Iré añadiendo o corrigiendo detalles conforme encuentre cosas en el baúl de los recuerdos que despierten -qué digo despierten-, que revivan aunque sea en calidad de zombi mi maltrecha unidad de memoria para tratar de describir aquí algo que a pesar de todos los altibajos, fue una de las experiencias más gratas que he tenido.
Empecemos pues, por el principio.
Como todas las buenas ideas en este mundo, la del ¡Nahual! tampoco es original.
A mediados de los años ochenta en una de tantas visitas a las librerías de viejo del D.F. en la calle de Donceles descubrí una de las mejores revistas de ciencia ficción que he visto. Se trataba de la española Nueva Dimensión que dirigía Domingo Santos en colaboración con Luis Vigil.
Esta revista se merece por sí misma al menos una entrada completa en este blog, no sólo por haber sido la musa inspiradora para el nacimiento del ¡Nahual!, como veremos más abajo, sino por la gran calidad de la misma. Nueva Dimensión tiene el honor de haber sido a la fecha la revista de CF escrita en español que mas ha durado en circulación. Luego les pongo el dato exacto, pero si no me falla la memoria fue de 1968 a 1982.
Pero de eso luego hablamos, que si no, me disperso.
Una de las características de la revista que más llamaron mi atención fueron su páginas verdes, llamadas así porque... eran verdes, mira tú. Ahí estaban las secciones de crítica y comentarios sobre CF y fantasía en el cine, la televisión, los libros, las revistas y los fanzines.
¿Los qué?
Los fanzines, sí señor.
Ya en alguna de las antologías de Asimov que publicara Martinez Roca en los ochenta había leído sobre los fanzines, pero nunca me había quedado del todo claro a qué se referían. Sí, revistas de aficionados pero ¿cómo? ¿qué eran exactamente?
Gracias a ND finalmente entendí de qué se trataba la cosa.
Cito a Luis Vigil del primer número de ND quien explica muy bien el asunto:"Por último necesitaremos, por el momento, un tercer término: fanzine o fan magazine, otra de las contracciones abreviatoras a las que tan dados son los anglosajones y que significa revista de aficionados, o sea la que, sin afán de lucro, pues lo cierto es que pocas de ellas arrojan balances monetarios positivos, tal vez ninguna, edita un fan para que le sirva de tribuna desde la que dar a conocer sus ideas, sus críticas y sus relatos."
Como pueden ver, jóvenes imberbes, era algo así como un antecesor de nuestros modernos blogs, solamente que con mucha menor difusión y bastante más entretenidos de hacer. Sí, había vida antes de internet.
Volviendo al punto, después de leer varias de las reseñas que hacían sobre los dichosos fanzines, me vino a la cabeza que sería interesante hacer algo así en México, pues hasta donde sabía no existían tales publicaciones en el país.
La primera idea que tuve para el nombre del fanzine fue ¡Guácala!, palabra que, además de ser utilizada en México para expresar desagrado, en mis alucines era algo así como una contracción rara de Tehuacán, que la ciudad donde vivía en aquel entonces.
El primer boceto mal hecho de ¡Guácala! lo hice en un vieja libreta. Después, llegué a pensar seriamente en hacerlo y hasta en qué material incluir. Para el primer número quería poner los cuentos "La Estrella" de Clarke y "La balsa" de King.
La cosa no llegó a mucho más de hacer una prueba de cómo se vería el fanzine terminado. No seguí con el proyecto porque como dije más arriba en ese entonces vivía en Tehuacán y la verdad no tenía idea de a quiénes les podría interesar leer estas cosas, la ciudad no tendría en ese entonces más de 5 librerías (en estos momentos creo que no llega a 3) y no creí que les interesara vender esto. Finalmente lo que me convenció de abadonar fue pensar en mecanografiar todos los cuentos con mi técnica bidigital plagada de neo palabras, es decir, horrores ortográficos y mecanográficos que si bien ahora con las computadoras se arreglan con una tecla, en la era de las máquinas de escribir eran, al menos en mi caso, algo verdaderamente tedioso.
¡Guácala! no pasó del boceto y nada más, aunque el observador avezado podrá ver que al final se recuperaron los signos de admiración y la idea general del cintillo:
Pasaron los años y en 1993 ingresé a la Facultad de Ciencias de la UNAM. Ahí tuve acceso más o menos regular al laboratorio de cómputo y la idea del fanzine resurgió, aunque no seriamente por los problemas técnicos que representaba no contar con una computadora por más de unos minutos al día.
Sin embargo, cuando el Jako! se hizo de su primera computadora y me permitió un acceso regular a a la misma fue que reconsideré en serio hacer algo con ella. Hicimos algunas pruebas y comprobamos que tenía posibilidades, incluso con los programas básicos con los que contaba el aparato. Para nosotros, que todavía entregábamos los reportes de prácticas de campo y demás trabajos escritos a máquina, una PC con un programa como Word nos parecía la octava maravilla del mundo.El primer nombre que pensamos para el proyecto del fanzine fue Solaris, pero lo desechamos porque por esa época el Cine Club Ciencias tuvo la feliz ocurrencia de proyectar la película de Tarkovsky e iba a parecer que nos habíamos fusilado el título.
(continuará)
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A.T.









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