viernes, 26 de mayo de 2006

Un soldado en cada hijo te dio

Algunas anécdotas sobre nuestro glorioso Ejército.

Por supuesto que todas son producto de mi imaginación. Ni cómo pensar lo contrario.


I. El salto de la muerte.

Me contaba Fabio, un ex paracaidista militar, que alguna ocasión, hace ya varias años, al entonces mando de la Brigada de Fusileros Paracaidistas se le ocurrió demostrar que su tropa estaba preparada para actuar en donde fuera, sin importar las condiciones del terreno.

Así que se organizó el salto de exhibición en una zona de salto totalmente inadecuada para ello y el resultado no fue sino el que cabría esperar de tal acto: varios paracaidistas heridos de gravedad y algunos muertos.

Por supuesto, la noticia no salió a la luz pública.


II. ¡Borra eso!

Hace unos años le mostraba a Juan parte de mi biblioteca electrónica, específicamente mi colección de manuales del ejército de los EUA (que se podían conseguir hasta hace unos años aquí). Lo hice pensando que a él, como ex soldado le interesarían y no me equivoqué. Lo que me sorprendió, sin embargo, fue su actitud de asombro al verlos y su recomendación de que mejor me deshiciera de ellos cuanto antes, porque –según él- era peligroso tener tal información en mi poder.

Ante mi incredulidad, me explicó que el ejército mexicano era muy celoso ante tales cosas, aunque fueran de otro país. Que si alguna vez se enteraban de ello, podría acabar con mis huesos en alguna de sus prisiones clandestinas por pensar que era un guerrillero a algo así.

Paranoia pura, quiero creer... ¿Cómo se iban a enterar de que tenía esos manuales? Ni modo que lo publicara en la internet. Además, ¿cárceles clandestinas en México?

Imposible, ¿No?


III. Tienes tus órdenes.

Un ingeniero militar nos comentaba que en alguna ocasión sus superiores le habían asignado la tarea de construir un puente. Después de revisar el material disponible y comprobar que no era el suficiente para tal efecto, fue con ellos para informar y que les asignaran más.

“Mi superior, con el material disponible no alcanza para construir el puente. Hace falta bastante más”.
“No se te pidió tu opinión. Se te ordenó construir un puente”.
“Pero, con eso no alcanza”.
“Tienes tus órdenes”.

Al final el puente se tuvo que construir, sacrificando la calidad en el proceso.

Por cierto que después se supo que sí había habido más material asignado al proyecto, pero que desapareció misteriosamente.

Los extraterrestres, supongo...


IV. Cómplices.

Cuando la huelga de la UNAM en 1999., se nos acercó el padre de Genaro, uno de nuestros compañeros, y nos recomendó encarecidamente que no nos metiéramos en esos asuntos. Se le notaba nervioso y tenso por lo cual le aseguramos que así lo haríamos. Cosa fácil en mi caso porque por esas fechas estaba ya prácticamente fuera de la Universidad.

Después le preguntamos a Genaro por qué la insistencia y nos confesó que su padre había sido militar, que estuvo asignado en Guerrero en los años 70 y que fue testigo del asesinato y posterior entierro clandestino de un grupo de jóvenes cuyo único delito fue haberse identificado como estudiantes de la UNAM.

Con razón la angustia... nosotros éramos cómplices de tal crimen.


V. Salud.

- El capitán le salvó la vida a mi hermano -cuenta Antonio.
- ¿Por qué? –le pregunto.
- A mi hermano le tocaba estar de guardia en un retén en la carretera, por el narcotráfico, ya sabes. Entonces, le hizo el alto a un camión y resulta que estaba lleno de droga.
- Órale, ¿Y luego?
-Pues se hizo un pequeño escándalo en la prensa. Era un cargamento algo grande.
-Bien por él. ¿Y qué con tu hermano?
- Pues él feliz. Cuando al día siguiente lo llamó su capitán a su oficina ya hasta se imaginaba que lo iban a felicitar.
-¿Y no?
-Ni madres. Que le dice el capitán: “La cagaste. Te van a matar”.
-¡¿Qué?! –me asombro.
-Lo que pasa es que el general de la Zona Militar estaba metido con el narco, y debía dejar esos cargamentos, pero como mi hermano era de nueva asignación, no le dieron esas instrucciones.
-¿Y luego?
-Que le dice el capitán “Agarra las llaves de mi coche, les dices a los de la garita que te mandé por algo para que puedas salir de aquí y en una hora digo que me robaste el coche”. Y mi hermano que se pela.
-Pues salucita por el capi –propongo, levantando mi lata de coca.
-Salucita.


VI. Mi héroe.

Hace tiempo un conocido me mostraba su fotos de cuando estuvo en el ejército y de repente me señala a un tipo junto a él.

Me dice, “¿ves a este cuate?, es un GAFE. Estuvo infiltrado en el EZLN cuando el levantamiento zapatista y tenía la orden de matar a Marcos si se lo ordenaban”.

Le digo que de seguro se lo embromó.

“Eso pensaba yo”, replica, “hasta que me mostró una foto donde salen juntos él y Marcos”.

Lo peor del caso fue ver la admiración en sus ojos...


VII. Asignación especial.

Se quejaba amargamente un Guardia Presidencial:

“Nos entrenamos en combate cuerpo a cuerpo, manejo de multitudes, técnicas de escolta, entrenamos como salvajes para estar en la mejor condición física, para estar listos para lo que sea”.

“Todo con tal de salvaguardar al Presidente y su familia”.

“Pero allá en el rancho, la señora nos hace que le barramos la sala para sus visitas, o que le arreglemos las goteras, o que saquemos la basura, o que...”

Basta por ahora. Pero continuará.

A.T.

2 repelaron:

Yo mera dijo...

O luego les hacen entrar encapuchados.. con armas y tomar las estanciones televisivas en un famoso cerro de mexicalpan.. pa adueñarse de la señal...

si estan requetebien capacitados los guaruras.. hacen de toodo!!!! hasta de nanas de quinceañeras de ex regentes de la ciudad... ayudandole a sacar al chamaco que se le aparecio por obra del espiritu santo.

Anónimo dijo...

Eso pasa cuando dejas a los izquierdistas ser militares.

Lástima que la gente sea tan pendeja y crea toda la basura que las putas lloronas del 68 se empeñan en balbusear.