A finales de 1999 o principios del 2000, siendo ya un reluciente paramédico o Técnico en Urgencias Médicas, decidí que sería bueno continuar mi capacitación en emergencias. Pensé que antes de continuar con el nivel intermedio de paramédico, sería bueno probar otra cosa. Por lo tanto, me puse a ver qué había y me encontré con el curso de rescate urbano.
Se veía interesante y se lo comenté a mi amigo Víctor Trenado. Le gustó la idea y nos fuimos a la “Escuela Nacional de Rescate Urbano”, también conocida como la “Escuela Nocturna Rómulo Urbano”, o ENRU para los cuates. Jorge Aco era el director y amablemente nos dijo que nos presentáramos tal día y que después nos podíamos inscribir formalmente.
Llegó el día señalado y me sorprendió la cantidad de gente que se había inscrito. Después supe que la especialidad de rescate urbano era una de las más solicitadas.
Todo iba sin novedad hasta que llegamos al tema de las definiciones. Empezamos a ver algunos términos que se empleaban con frecuencia en ese negocio, unos más raros que otros, pero cuando llegamos al de “extricación”, no me pude contener y comenté que no me parecía correcto emplear tal palabra si en español hay términos que explican la acción pero de manera correcta, sin pochismos innecesarios. Aquí pueden ver algo que escribí al respecto. Y por cierto que no he cambiado de opinión.
El instructor no se molestó (supongo que no era la primera vez que se topaba con ese problema), pero la reacción de prácticamente todos los compañeros que estaban ahí fue de lo más fastidiosa. Con decirles que se generó un ambiente tan pesado que decidí mejor no meterme al curso.
Lo bueno es que todavía no pagaba mi inscripción...
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